Entre la política y la politiquería

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Por

Roberto Adames 

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Dicen que lo urgente es el rostro visible de lo fundamental, la idea es que la política dominicana está dominada por las urgencias, de que se vive para sortear crisis: Tapar huecos, apagar incendios… esto nos hace pensar que las actividades que ocupan la agenda de nuestras autoridades son el inmediatismo implanificado. A nuestros gobernantes, no les conviene ver que los incendios y los huecos son síntomas de algo mucho más profundo y decisivo;  o que son en el fondo  la falta de una autoridad legítima que pueda lograr y gestionar consensos, en medio de los cuales pueda instituir marcos en los que la competencia política pueda discurrir en forma transparente y acorde a las expectativas ciudadanas y no a las apetencias del poder por el poder mismo.

    

En principio, la política es el proceso a través del cual una sociedad crea la capacidad de actuar con inteligencia sobre sí misma. Supone que mediante una discusión argumentativa se avizore un interés general, un diagnóstico de los problemas colectivos acompañado de la propuesta de cómo superarlos. Por fuerza de lo cual, la política implica la institución de una red de organismos que puedan ir resolviendo los problemas y que paralelamente sea capaz de organizar las voluntades colectivas de  unos actores políticos y sociales que representan la diversidad. Organizaciones en las cuales los individuos se inscriben en función de procurarse el desarrollo personal que brota del servicio al interés colectivo.

 

Lo que puede llamarse politiquería corresponde al dominio de los intereses particulares no inscritos en una estrategia que los trascienda hacia lo general. El poder y la figuración son anhelos demasiado evidentes y humanos como para pretender ignorarlos. No obstante, estos deseos pueden encontrar amplio campo de realización en el terreno de la política, entendida como servicio a la ciudadanía. Pero cuando estos deseos de desbocan y se transforman en personales surge la politiquería. Entonces cuando la ambición personal y la de grupo se convierten en las causas efectivas del quehacer político se corre el riesgo de que la politiquería pueda destruir la política.

 

Aunque pueda tomarlos como excusa, la politiquería no tiene nada que ver con los intereses generales. El fin de la politiquería es la ganancia personal por la vía de producir una apariencia de respetabilidad tras la que se esconden pasiones descontroladas. La voracidad por el dinero o el poder solo por el poder, o de la envidia, del rencor y los celos, son los móviles verdaderos de la politiquería. De ahí nacen la intriga, la traición, la retórica vacía, la falta de lucidez y los insultos infundados, y esto tiene por consecuencia el desgobierno.

 

Pero lo paradójico es que la politiquería, al socavar la política, no hace más que destruir el único escenario donde esta puede ejercerse. La descomposición moral y política de un régimen no hacen más que anunciar su caída y su destrucción. El predomino de la politiquería es el triunfo de la racionalidad ventajista de los individuos sobre la racionalidad colectiva de la sociedad, es la búsqueda de soluciones personales a problemas que ameritan soluciones sociales.

 

En conclusión, hablar contra la politiquería en República Dominicana es hacer un diagnóstico del ejercicio predilecto del hipócrita, del político que está listo a tirar la primera piedra para señalar a otro político que hace exactamente las mismas cosas reprobables que él. Claro, esa mano pronta a lapidar, se esconderá en la medida de lo posible cuando los vaivenes políticos impongan la necesidad de una "alianza" con aquel a quien se atacó. Lo que uno no acaba de entender es, ¿cómo existe politiquería en el país, cuando todos los políticos luchan contra ella? La verdad es que luchan contra la politiquería ajena, porque la propia nunca es vista como tal, y en ese orden de ideas, se está contra la politiquería del otro, no porque esté mal, sino porque le quita espacio y oportunidades a la propia corrupción, bajo la filosofía de que "si no me lo robo yo, alguien más se lo robará". Si todas las palabras contra la politiquería que se han dicho en este país hubieran sido sinceras, la situación sería diferente.

 

Por eso, aquí siempre tendremos más de lo mismo, insultos personales en vez de criticas argumentadas a los discursos propositivos, y lo que es más penoso, es ver profesionales de diversas áreas, rebajando el discurso de la política a las simples politiquerías e insultos personales de tal o cual candidato y así, no es verdad que lograremos avanzar hacia estadios que nos permitan vivir en un verdadero estado democrático de derecho.

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