La batalla de la Estrelleta (República Dominicana)

Publicado en por robertoadames

 

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PRESENTACION DE LA CONFERENCIA: LA BATALLA DE LA ESTRELLETA

 

Escrito por:

Roberto José Adames

 

Hoy asistimos a crear historia, con un historiador, y eso nos obliga a hacer algunas precisiones acerca de la historia y del historiador. Entendemos la historia como el registro escrito de lo que se conoce sobre las vidas y sociedades humanas y que hubo de acontecer en el pasado, lo que indubitablemente aparece determinado por  la forma en que los historiadores han intentado estudiar esas vidas y esos hechos. Por consiguiente, llamamos historiografía al arte de escribir  la historia.

Esa relación objeto-sujeto, hechos y persona es lo que hace que la historia sea la disciplina más complicada y difícil de definir, ya que al intentar develar los hechos, propende a formular un relato que sea inteligible y coherente, y eso a su vez implica el uso de muchas disciplinas auxiliares.

El objetivo de todo historiador será entonces recopilar, registrar e intentar analizar todos los hechos del pasado del hombre y, en ocasiones, descubrir nuevos acontecimientos. Por consiguiente, “la historia es inseparable del historiador; pero su objetivo no se cumple por completo por el mero relato de los acontecimientos. Éstos sólo constituyen los cimientos sobre los que se elabora la interpretación histórica.

De ahí, que el proceso de interpretación afecte todos los aspectos de la investigación, que inicia con la selección del tema que se pretende estudiar, porque la elección de un hecho en particular es en sí mismo un juicio que manifiesta la importancia de la cuestión. Al elegirse el objeto de estudio se elige o sugiere una hipótesis o modelo teórico provisional que va a normar y minar la investigación, en cuanto a que ayuda al historiador a valorar y clasificar los testimonios disponibles y a presentar un relato detallado y coherente del elemento analizado. Por eso, el historiador debe respetar los hechos, evitar la ignorancia y los errores en cuanto le sea posible, aportando así una interpretación convincente e intelectualmente satisfactoria. 

El cómo escribir la historia ha sido pregunta que goza de una larga tradición en la historiografía, y desentrañar tanto su método como su objeto de estudio, ha sido una práctica hermenéutica que se recorre desde Heródoto y Tucídides  hasta nuestros días. Heródoto, reconocido como el padre de la historiografía, consideraba que la finalidad de la historia era la de permitir que determinados acontecimientos no quedaran en el olvido, procurando por su intermedio perpetuarlos en la memoria de los hombres por vía de su narración sistemática.

No obstante, para Tucídides, el enfoque de la historia debía estar caracterizado una gran objetividad perceptiva, es decir, por un método que sirviera para buscar la verdad y la exactitud, pretendiéndose con ello que la historia tuviera cierto grado de utilidad; de suerte que, para darle una mayor intensidad a la historia, puso en sus estudios, las figuras principales de la guerra, y los discursos legendarios y dramáticos de la época. 

Desde aquellos días, la historia de la historiografía ha ido pasando por diversos estadios, dentro de los cuales se destaca el que se ubica en el siglo XIX con la obra  e influencia del sociólogo francés Auguste Comte; quien pretendía basar el método de la historia bajo la influencia del positivismos, para que como sistema, permitiera fundar la misma basado en la experiencia y en el conocimiento empírico de los fenómenos naturales. Así, a consecuencia del positivismo de Comte, la historia alcanzó su identidad como disciplina académica independiente, dotada de su propio método crítico y de propio análisis, lo que exigía una rigurosa preparación.

Para Ranke, había dos caminos para conocer los hechos humanos, el filosófico y el histórico. Él postulaba la  desapasionada objetividad como punto de vista propio del historiador; consideraba que los historiadores debían tomar la historia como un agregado de hechos particulares y no tener los ojos puestos en el aspecto universal de las cosas, es decir, la historia debía estar escrita en monografías, pero sin compresión global del fenómeno. Además de esto, Ranke hizo de la consulta de las fuentes una ley de reconstrucción histórica.

Pero como dice Pagés: “…el historiador sólo puede interpretar la necesidad de un hecho histórico en la medida en que ya haya sucedido, pues todas la hipótesis que barajase sobre lo que hubiese podido conocer si se hubiese actuado de otra manera constituyen, en el mejor de los casos, meras especulaciones.”

Por eso el positivismo exigía depurar los acontecimientos de su carga emocional, limar sus asperezas, eliminar las pasiones, para, según ellos, permitir que el historiador disecara los hechos con miras a evaluarlos correctamente.  Por tanto, el método inductivo del que partía el positivismo establecía dos fases de desarrollo: la acumulación de datos a través de la observación (tarea reservada a la historia) y la formulación de las leyes a partir de esos datos (tarea de la sociología). Pero, de ninguna manera, el historiador debía sobrepasar la barrera de la acumulación y ordenación de los datos.

Sin embargo, como el positivismo le daba preeminencia a los documentos oficiales para el análisis de la historia, pretendiendo distanciar los mismos del autor, existía entonces la posibilidad de que el poder político hiciera de la historia un instrumento de manipulación para un interés particular. Y en gran medida eso ha sucedido hasta nuestros días en la República Dominicana.

En el caso de nuestro conferencista de hoy, y lejos de suplantar los aportes de los positivistas al método de la historia, le he dicho de manera personal, y hoy lo asumo de manera pública, que el más importante aporte de sus desarrollos historiográficos lo constituye su sello personal y el análisis frescos y anecdótico que le imprime a sus estudios, dotándolo de un discurso vivo, y aunque emotivo a veces, esto no los exime de una carga de una objetividad que solo permite que abreven las emociones surgidas del análisis hermenéutico que la subjetividad de los personajes y hechos puedan tener dentro de su contexto y no dentro del alma o por el interés del historiador.

De ahí, que decir que nuestro conferencista invitado nació en Santiago de los Caballeros un día  dos de marzo, o que sus cualidades intelectuales lo hacen merecedor de calificarle de escritor, historiador, poeta y militar, es lo mismo que imprimirle a sus esfuerzos intelectuales una originalidad que nace, a contrapeso de los positivistas, de su subjetividad, de su personal, particular y propia historicidad; lo que lejos de restarle rigor científico a sus métodos, lo dotan de originalidad. 

Por razones como las indicadas, en temas como el elegido hoy: “La batalla de la Estrelleta”, es fundamental que digamos que Jose Miguel Soto Jiménez, además de intelectual brillante, ingresó a las Fuerzas Armadas Dominicanas a los 17 años de edad, institución en la que se formó académicamente, llegando a servir dentro de los cuerpos castrenses desde todos los puestos y funciones posibles, alcanzando el rango de Teniente General de las Fuerzas Armadas al ocupar la  Secretario de Estado de las Fuerzas Armadas hoy convertida en ministerio.

Asimismo, es relevante que sepamos, que Soto Jiménez, publicó su primer poemario: Evasión, en 1970, sin embargo, encontró su verdadera vocación de escritor, en el ensayo de investigación histórica, labor que ha desarrollado paralela a su carrera militar y que lo ha situado entre los más notables historiadores castrenses dominicanos.

La mayoría de sus obras, especialmente Las fuerzas militares en la República Dominicana (1996), Seguridad, defensa y democracia (1998) y Los motivos del machete (2000) ofrecen una panorámica de la evolución histórica de la milicia dominicana y son, simultáneamente, una propuesta de modernización de la misma concebida a partir de la realidad social y política que vive el país actualmente.

Ha sido conferencista destacado dentro y fuera del país. Ha publicado libros de poesía, de ensayo, de doctrina militar y de historia. De igual forma, cuenta en su haber con varios premios literarios, galardones y reconocimientos en los ámbitos, nacional e internacional.

Su libro, los Motivos del Machete, le permitió merecer el premio nacional de la Feria del Libro del 2001, Memoria de Concho Primo fue un éxito editorial que en la actualidad cuenta con siete ediciones, por otra parte, en el género de la poesía, recientemente publicó Memorial de la Guazabara, libro que ha tenido una amplia acogida en la clase intelectual dominicana, y más recientemente ha publicado El Trujillicón y Mal Finí.

Soto Jiménez, ha sido además, recién admitido como miembro de número de la Academia Dominicana de le Lengua, correspondiente de la Española, y es, desde hace algún tiempo, miembro de la Academia Dominicana de la Historia.

De suerte que, desde mi visión, reitero, es imprescindible ver a nuestro conferencista en toda su dimensión humana, intelectual y profesional, para que se entienda porque apartado de los postulados positivistas, considero que están ustedes ante el más original de nuestros historiadores, ante quien es el inaugurador de un método discursivo de la historia, que hurgando en la anécdota, vertebra la interioridad de los sujetos de la historia desde una perspectiva novedosa y fresca, lo que le ha permitido acercarnos a los hechos acaecidos en el pasado, desde fuera del rigor metodológico de la historia clásica o griega, que simplemente pretendían la fijación de lo acontecido en la memoria, y sobre todo, lo ha hecho con el interés de acercarnos para ver de cerca y desde la historia,  toda la carga acumulada en nuestra sangre pasa subsumirnos en una visión de futuro capaz de refundarnos como sociedad.

 

Con ustedes Jose Miguel Ángel Soto Jiménez


 

Presentación Hecha Con Motivo De La Conferencia Dictada Por Jose Miguel Ángel Soto Jiménez (Escuela Intermedia Y Secundaria Del Distrito Municipal De Tireo, Constanza, 16-9-11)

 

BIBLIOGRAFIA ACTIVA

POESIA.Evasión. Santo Domingo: s. n., 1970. Dualidades. Santo Domingo: s. n., 1975. Otras muertes. Santo Domingo: Centurión, 1975. Domingo: Cinco cantos de hierro. Santo Domingo: s. n., 1978. Mentiras y fundamentos para una historia. Santo Domingo: Editora Colonial, 1976. Testimonios. Santo Domingo: Editorial Padilla, 1978. Colonialigrama: el merengón de la pena y otros versos. Santo Domingo: s. n., 1982. ENSAYO. Efemérides militares dominicanas. Santo Domingo: Editora Cacique, 1979. [En colaboración con Ramiro Matos]. Campañas militares de la independencia nacional, 1944-1856. Santo Domingo: Edita-libros, 1981. Semblanzas de los adalides militares de la Independencia. Santo Domingo: Editalibros, 1981. Temas sobre la profesionalización militar en la República Dominicana. Santo Domingo: Editalibros, 1982. El corrido de los taitas: retablo histórico. Santo Domingo: Ediciones Grupo 5, 1995. Las fuerzas militares en la República Dominicana desde la primera República hasta los comienzos de la cuarta República: ensayo sobre su evolución institucional. Santo Domingo: Ediciones Grupo 5, 1996. Defensa, seguridad y democracia: estudio comparado y apuntes profesionales para la modernización y la reconversión militar en la República Dominicana. Santo Domingo: Editora Taller, 1998. Los motivos del machete. Santo Domingo: Editora Corripio, 2000.

 

 

 

 

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