La educación como paradigma de consolidación de nuestras leyes

Publicado en por robertoadames

 

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Escrito por

Roberto Adames 


El régimen político que, de acuerdo con la Constitución de la República vivimos, exige que el ser humano sea el centro del quehacer del Estado y  no el Estado el centro del quehacer humano, precepto que resumió John F. Kennedy de manera magistral cuando dijo: no te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tú por tu país. Este hecho, indudablemente, repercute en todas las formas de organización, a todo nivel, razón por la cual, la educación, como forma y como organización, está involucrada en esa "manera republicana" de conducirse, la que podemos  caracterizar de racional y humanista, en esa manera de entender que los males de la sociedad no son culpa exclusiva del estado sino de todos.

Por eso, a la hora de analizar el impacto negativo o positivo de una ley, debemos hacerlo desde una perspectiva más racional, que nos evite una visión monocasuística; ya que los fenómenos sociales, racionales y humanistas al ser  dinámicos tiende a ser pluricasuísticos, por cuya causa es imprescindible abordar la cuestión desde la óptica de los diferentes fenómenos sociológicos que pueden comportarse como variables dentro de la complejidad de un sistema. En el caso del “nuevo” código procesal penal, nadie ha documentado su operatividad o inoperatividad fundado en argumentos cientista, sino que lo han hecho basados en percepciones que dejan muy de lado una variable neurálgica para todo proceso, que al igual que el jurídico es sociológico, como lo es la educación. 

En tal sentido, consideramos que cuando una ley, cual que sea,  no esta cimentada y sostenida sobre una práctica cultural pierde su función social real, que por fuerza de ser a su vez una función social, es multidireccional tal y como hemos indicado, una de cuyas direcciones más importantes la constituye el sistema educativo nacional. En este orden, uno de los retos mas importantes de nuestro país tiene que ver con la reorientación de todo el sistema educativo, tanto a nivel primario e intermedio como secundario y universitario; lo que implica realizar profundos cambios a nivel de los diferentes currículos académicos, escolares y universitarios, de manera que los mismos puedan impactar y/o modificar las prácticas culturales que hacen de nuestros espacios y leyes, lugares  o textos de nadie o de privilegiados.

Dentro de este contexto, la enseñanza social del derecho no es una excepción, sino, al contrario, una manera importante de practicar la vida republicana; importante porque las decisiones jurídicas siempre tienen implicaciones colectivas de la mayor importancia, tanto en el campo político, como en el económico, el laboral..., en fin, en el diario transcurrir social; y el papel que juegue el abogado en esas decisiones depende, en un alto porcentaje, de la manera como ha sido formado, de donde deviene que una pobre y casi inexistente educación primaria en moral y cívica y en derechos, redunda en una mediocre preparación profesional.

Por otra parte, y en concordancia con lo dicho y salvando envidiables excepciones, el criterio para formar a los abogados (incluidos jueces y fiscales) ha sido el de crear técnicos, y no profesionales reflexivos, capaces de enfrentar situaciones distintas a las estudiadas en las aulas universitarias. El sistema esta concebido para que el abogado sea un buen técnico y sólo eso: un hábil manipulador de normas. Y del resultado de esa especie de asepsia epistemológica causada por la carencia de reflexión da cuenta nuestra realidad: la acriticidad del abogado medio, su incapacidad para medir la realidad independientemente de la información colectiva, su poca percepción para captar el sensible deterioro de nuestra identidad; todo lo cual ha dado oportunidad para que el avance vertiginoso de un neo-autoritarismo, haya sido capaz de permear nuestro orden legal y constitucional, sin que ningún jurista ni grupo haya hecho el menor esfuerzo por llamar la atención a la colectividad y a reflexión a la autoridad. Y es “... los fenómenos de poder no "nacen de incubadora", sino que se gestan históricamente y del mismo modo se explican. La historia no es una colección de hechos pasados, Sino una visión de la gestación de los hechos presentes, que nos permite su comprensión". ZAFFARONI (Raúl E.) Dimensión política de un Poder Judicial Democrático, conferencia... (p. 3)

En conclusión, habremos de avocarnos a aceptar, que ninguna ley es capaz de generar cambios en la sociedad, sino que esos cambios han de tener espacio primeramente en la mentalidad de los actores sociales como generadores de la realidad; de suerte que nuestra transición hacia el derecho penal liberal debe inscribirse dentro de los estadios de un estado Constitucional que aspira a convertirse a su vez, en un estado social y democrático de derecho, objetivo que solo podrá alcanzarse por medio de un cambio de mentalidad que cuente con la educación como ente generador de una cultura que nos permita redimir nuestro estado de anomia y crear el clima que nos posibilite alcanzar nuestras metas democráticas.

 

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C
Debieran difundirse este tipo de escritos odilis, que crees?
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R


De suerte que debemos repensar nuestros modelos democraticos