PSICOLOGIA FORENSE: El aporte de la psicología forense en la aplicación de la justicia

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Escrito por

Roberto Adames

Como actividad profesional la psicología se ha extendido, en las últimas tres décadas, de una forma sorprendente aún para los más optimistas. Encontramos a estos profesionales en las escuelas e institutos, en los centros sanitarios y hospitalarios, en las instituciones penitenciarias y judiciales, en el mundo del deporte, en el ámbito laboral, publicitario, etcétera. Los psicólogos actúan contratados tanto por la Administración como en el ejercicio privado. La psicología española es hoy una realidad consolidada y esto se refleja en su diversificación profesional. Esta consolidación se ha dado en medio de los grandes cambios sociales e institucionales que han acontecido en nuestra sociedad. Y en estos años se han promulgado nuevas leyes que afectan a numerosos campos de la actividad y vida cotidiana de los ciudadanos.

Conforme se han ido promulgando estas leyes han aumentado las necesidades de ayuda y colaboración de una gran variedad de profesionales con los jueces, los tribunales y la justicia en general. Desde las tradicionales leyes penales hasta las modernas normas que regulan los derechos de los menores o de las parejas homosexuales hay un abanico de normas que, directa o indirectamente, requieren de la participación del psicólogo. En este contexto, ha aparecido la figura del psicólogo forense. Como perito, asesor, colaborador o experto, el psicólogo forense es un agente más del sistema de justicia.

Emplearemos, por razones de costumbre, únicamente un género para referirnos a esta profesión no sin reconocer la importante presencia de mujeres en esta profesión.

Asociamos la idea del forense a la del médico adscrito a la administración de justicia que perita, informa y asesora al juez en temas de su especialidad y también se asocia a los policías y criminólogos expertos en la detección, análisis y valoración de pruebas judiciales incriminatorias. El psicólogo forense se asimila, en cierto sentido, a ambas figuras, si bien restringe su actividad al campo de las capacidades psicológicas, las motivaciones y actitudes, etcétera. 

El psicólogo forense se encarga de analizar y valorar distintos aspectos de la personalidad, la situación psicosocial, el nivel de estrés y los estados mentales propios de las personas que, de un modo u otro, están implicadas en cualquier tipo de procedimiento judicial. Las tareas que requieren la intervención especializada de los psicólogos forenses han sido siempre necesarias en los procesos judiciales, pero durante muchos años y aún hoy en muchos juzgados y jurisdicciones, muchas tareas propias y específicas de aquellos las realizan otros profesionales. Psiquiatras, criminólogos, médicos forenses y no pocas veces los propios jueces, realizaban muchas de las tareas que hoy hacen los psicólogos forenses. El avance en la especialización profesional ha descargado a muchos profesionales poco o nada preparados técnicamente para realizar estas tareas propias del psicólogo. Así no era infrecuente que, por ejemplo, los propios jueces entrevistasen a menores o deficientes mentales víctimas de violencia sexual, tarea que ahora encargan a los psicólogos forenses cuando es posible.

Actualmente, los psicólogos forenses tienen una formación universitaria sólida y, además, disponen por lo general de una formación teórico práctica específica obtenida en cursos de especialización y de formación continuada. Los primeros contactos del psicólogo forense con la justicia se dieron en el marco de la justicia penal y penitenciaria, más tarde se extendió a la justicia juvenil y de menores. Después se ha ampliado su intervención a los variados procedimientos de la justicia civil, laboral y hasta eclesiástica.

En la actualidad podemos afirmar que la práctica profesional de la psicología forense es un complemento indispensable de cualquier actividad judicial moderna. Cada delito, agresión entre jóvenes, ruptura matrimonial, adopción, asignación de tutela o incapacitación, cada sentencia que imparte un juez o tribunal tiene actores, víctimas y espectadores que no sólo conocen o han participado en el suceso, sino que han vivido sus efectos y consecuencias a su propia manera. El psicólogo es, entre otros profesionales, el más y mejor preparado para valorar, comprender y proponer actuaciones considerando la individualidad única de todos y cada uno de los implicados en un suceso o acontecimiento conflictivo singular. La actuación de estos profesionales está fundamentada en unos conocimientos científicos que han generado procedimientos y técnicas que garantizan su objetividad. También existen códigos deontológicos que obligan a actuar con todas las garantías legales, a estos profesionales que utilizan y tienen acceso a informaciones personales de naturaleza privada y muy sensible. 

La actividad propia del psicólogo forense está fundamentada en la aplicación de los principios y técnicas propias de la psicología aplicada al contexto jurídico. Actúan como peritos, expertos y asesores de los jueces, tribunales y resto de agentes que participan en la administración de justicia.

Las técnicas de la psicología aplicada al ámbito forense no se limitan a la identificación de la presencia y grado, de un trastorno mental en un imputado o una víctima. Es mucho más variado y específico. Los psicólogos forenses pueden evaluar la inteligencia de un agresor sexual, de un menor acusado de vandalismo o de un anciano que quiere cambiar su testamento ante el notario. Pueden identificar las secuelas psíquicas que un acoso laboral puede haber dejado en una mujer o valorar la credibilidad de un testimonio que fundamenta una acusación grave de abusos sexuales.

Otros ejemplos nos dan una idea de la gran cantidad de respuestas que el psicólogo forense puede ofrecer. Éste puede valorar el riesgo de reincidencia o la peligrosidad de un recluso que ha solicitado un permiso de salida de la prisión, también puede estimar cuál de los dos progenitores es el más idóneo para obtener la patria potestad de un menor en caso de litigio.

No es nada infrecuente que los jueces soliciten a los psicólogos forenses una valoración de si una madre o un padre ha influido de forma significativa en el rencor que un hijo muestra hacia su otro progenitor durante un proceso de separación o divorcio. La relación podría continuar y estos son sólo algunos ejemplos. Así pues, la tarea de los psicólogos forenses no se limita, como a veces se piensa, al diagnóstico clínico de los trastornos mentales, es mucho más amplia. Es precisamente este repertorio de técnicas y habilidades de que dispone este profesional lo que le convierte en una ayuda de mucha utilidad al juez en su actividad habitual.

El futuro inmediato de la psicología forense es mejorar su práctica profesional y su eficacia. Ya hemos descrito la situación actual caracterizada por su variada presencia en los diversos campos de la justicia. En las últimas leyes, como en la recién aprobada ley integral contra la Violenciade Género, es habitual encontrar demandas específicas para estos profesionales. Ha de venir un momento en el que podamos revisar este periodo con ojos críticos y analizar el déficit de este ciertamente apresurado crecimiento. Después vendrá, sin duda, una mejora profesional que redundará en una aplicación más justa de las propias decisiones judiciales.

 

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