PARTÍCULAS FUGACES O LAS HUELLAS DEL POETA
Por
Lic. Julio Cumberbatch
Músico y poeta
Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artista de Cuba
UNEAC
Poemario en mano confieso mi entusiasmo por la impronta del discurso lírico asumido por Roberto José Adames. Lo primero que reconozco en él está ya dicho en lo que Cándido Gerón dijo en el primer párrafo de su prólogo a PARTICULAS FUGACES, sito: ¨…lo más admirable… de este constancero…su actitud intelectual de sólidos y amplios horizontes.”.
Esta observación de C. Gerón además de acertada es interesante por que avizora la poética de R. J. Adames, tanto, que tal vez, hubiera sido, ese párrafo, el prólogo más elocuente que el autor y nosotros pudiéramos agradecer por lo explícito, aunque atinado es lo que a posterior se escribe del poeta.
Desde los primeros poemas ya se confirma la opinión del prologuista y se dispara nuestro interés por el creador, que de facto se descubre en el poemario y nos va conectando con lo que desciframos en cada lectura. Él beneplácito está no en que una pieza del libro nos interese más que otra. Sí, en ese efecto que produce “Darnos cuenta” “Entender” que estamos ante una actitud intelectual de “sólida proyección”, cuyos horizontes ya enrumbados nos depara superiores resultados pues a este poeta le asiste una peculiar sensibilidad y está apercibido del don de la palabra, lo cual nada tiene que ver con el arsenal lingüístico que por su oficio le corresponde. Me refiero a su innata posibilidad de expresar el cosmos interior y exterior que lo desgarra, lo abruma, lo enaltece, lo sublima (todo eso a la vez) y en el cual él se sabe inmerso y está definitivamente compulsado a entregarnos con los atributos poéticos más elocuentes: pasión, desgarramiento, sinceridad; sentimientos que el autor es capaz de traducir y nos da, en reducido espacio, dentro del poema:
Heme aquí, situado en el luga r exactodonde converge sin traducción el color de la nada…
Las palabras destacadas son para referir que la elocuencia de R. J. Adames es tal, que no necesito saber que el lugar es exacto o que la convergencia sea o no sin traducción, pues el autor, por su integridad discursiva nos anuncia su equilibrio, su estabilidad, que no anda sobre una cuerda y sí con los pies sobre el mundo, aún siendo ése que sólo un poeta es capaz de inventarse desde una telúrica realidad.
De manera muy personal en estas líneas de su primera ¨partícula¨, que da nombre a su poemario, el autor nos participa estar (situado) allí, donde converge el color de la nada. Más adelante remata: Heme, solo, sin máscaras a la espera de que se derrame mi deliro ya sin bordes. . Esa diafanidad con que nos expresa su intimismo refrenda que está en posesión de un discurso al cual no le hace falta otro recurso que no sea su expresividad.
Me entusiasma, insisto, cómo Adames, sin otra recurrencia que no sea la fuente e su lirismo, nos deja saber que está allí…solo sin máscaras esperando que su delirio se derrame. Este fragmento con el que ejemplifico, nos sitúa, en ese poder explícito de la sencillez poética, que Roberto José logra sin altisonancias y que distingue esa fuente de donde emana su vocación creadora. Es aquí donde mejor distingo al poeta. Esa naturalidad es para mi criterio el primer peldaño para concebir en poesía lo que el hacedor lleva dentro y pretende entregar sin el riesgo de lo trillado.
LA BUENA NUEVA EN PARTÍCULAS FUGACES
En algunas piezas del poemario siento que Adames no escapa a la necesidad personal de apoyar su mensaje recurriendo a tendencias o estilos, como la conformación tipográfica del verso, ausencia de puntuación, etcétera, que otros han necesitado y aún es muy utilizado como sustento estético o para estar a tono con quienes prefieren el efecto de las formas a lo sustancial, que de por sí justifica el acto poético.
Debemos festejar que la poesía de Roberto José no necesita de estos recursos para sostenerse, su caudal expresivo se defiende por su lirismo y la emotividad que nos trasmite al insertarnos en su mundo con esa fluidez con la cual concatena y asume sus inquietudes existenciales. El poeta que en él convive puede prescindir de vericuetos filosóficos, efectismos sonoros, recurrencias semánticas, muy utilizadas por jóvenes poetas, y otros no tanto, aún conectados con istmos de vanguardias funcionales en su contexto que hoy día nada aportan y en los peores casos velan lo auténtico: cualidad indiscutible en el autor de PARTÍCULAS FUGACES, la autenticidad, razón por la cual, no recurro a nombrar fuentes que su poesía pudiera remembrarnos pues independientemente de que el poeta en cuestión muestra sus fuentes preferenciales (no será él la excepción), posee personalidad discursiva y pleno conocimiento de que su intelecto es traducible poéticamente, lo cual asume con plena responsabilidad y resolución.
Roberto José Adames, no obstante esporádicos enrevesamientos (concientes o no), muestra emoción y honestidad en lo que escribe, lo que descubrimos en la consistencia lograda en el poemario. Como por ejemplo, en la pieza dedicada “a mi esposa Mercedes Olalla” – título que prefiero en lugar de “Eros creatio …”- , “Escombro de Sol”, “Inocencia”; en el que nos dice que: “…hay lluvias que no pueden evitarse…” o en “Cuerpos con algas”, “No basta”, “Deseos”; este último donde expresa “… quiero simplemente renunciar a todas las cosas, de la misma manera y con el mismo impuso han renunciado a mí.” (Nada subrayo en negritas).
Algo como las anteriores líneas justifica mi entusiasmo: ¡qué poco espacio para mostrarnos lirismos y esplendor que nos encandila; convence y se disfruta.
El alto nivel de reflexión de este poeta pudiera, a ratos, compulsarlo a una poética escabrosa y laberíntica en un verso oscurizado, puede que hasta él mismo lo disfrute, pero existe un manantial en su sencillez expresiva cuando elude el laberinto.
R. J. Adames, es sensiblemente humano, susceptible a todo lo que le rodea, esto y la interioridad e integridad de su existencia como persona y profesional lo justifica como poeta; pues nada en derredor le es ajeno, o pasa inadvertido. Su intelectualidad no lo aleja ni un ápice de su personalidad humana y por eso sabe “entender”, pues además de lo que le rodea se cuestiona lo que sucede en él. Por eso es valiente como sólo pueden ser los poetas. No necesita acentuar el culto a la imagen como fuerza o recurso para generar poesía, mucho menos apostar por el juego verbal o determinadas estructuras tipográficas y abstinencias gramaticales. Su talento, su actitud, su alma, son suficientes para conmovernos e interesarnos en todo lo que le atañe o por decirnos en otros poemarios, pues joven y con toda la vitalidad expresiva demostrada, en él se denota avidez y respeto por el sacerdocio que la poesía nos reclama como expresión más alta de los sentimientos humanos en cualquiera de las artes.
PARTÍCULAS FUGACES nos persuade por su corporalidad, altura y desenfado, de que la poesía escrita no es arbitrariedad, capricho, complacencia y sí convicción, entrega; ser consecuente con ese estado de “ingravidez” y angustia del acto poético como el desgarramiento de este constancero que, genuino, desde República Dominicana nos anuncia la “buena nueva” de haber traspasado el umbral en su insoslayable proceso de acendramiento poético.
Roberto José Adameses un excelente traductor e intérprete de las almas. Sabe hacia dónde va. Entiende de caminos y mapas.