De la Libertad de Prensa y el Derecho a la Información

Publicado en por robertoadames

 

ABOGDOS

Por

Roberto Jose Adames

 

"No nos unen las respuestas sino

las preguntas, los debates pendientes,

 las ganas de discutir lo que no tiene demasiado quórum o

 el deseo por recuperar una palabra colectiva".

 

Hay quienes dicen que  “la televisión es reflejo de la sociedad”. Si eso es así, entonces tendríamos que admitir que lo que está sucediendo en nuestra sociedad es verdaderamente escandaloso, vergonzoso y estrepitosamente preocupante. Puntualicemos. Tenemos una televisión, que en pos de la libertad de prensa, esta explotando lo grotesco, caricaturalizando los sanos valores de la sociedad, ficcionando lo real y trastocando lo objetivo en medias verdades, cuando no, dando realidad a la ficción.

 

O sea, que si este es el reflejo de la sociedad, lo axiomático es entonces que en nuestra sociedad el mundo real está podrido; este país es una porquería: Se es héroe al través de la delincuencia y la maledicencia, se  valoriza el denuedo del lenguaje, se potencia lo rico (aunque no se esté claro del origen de la opulencia), lo excepcional es la regla, la verdad es el concepto repetido por muchos (creyéndose que un error se convierte en verdad porque todo el mundo lo repita o crea en el).  “Héroe no es quien se enfrenta a todo por la vida, sino quien se enfrenta a la muerte” o quien desafía la moral.  “Compartir se cambia por competir; vencer por derrotar, pensar por distraerse”, investigar por difamar.

 

Y es que la nuestra, es una cultura hecha para vender, aunque la mayoría ignoren qué es lo que se pretende vender. Obviamente, en este ambiente un tanto caótico resaltan, sobre todo, aquellos a los cuales la vida no les permitió adquirir cultura y vida interior, y con ellos unos valores propios de una sociedad involutiva. “El plan es la promoción de personas que cambian la acción inteligente y creativa por hazañas destinadas a alimentar el ser sadomasoquista que llevamos dentro” el morbo y los antivalores.

 

En toda esta maraña desinformativa, he de identificarme con lo señalado por Gandhi, cuando sentenciaba que “lo más atroz de las cosas malas de las gentes malas, era el silencio de la gente buena”, y yo además agregaría, la complicidad de las “gentes buenas”.

 

Sin embargo, pese a todo lo dicho, y a contragolpe de los múltiples sofismas de los desheredados del talento, la moral y las buenas costumbres, mis esfuerzos por defender mis ideas en pos del bienestar de los conceptos morales aceptados por la sociedad, no están destinados a aspirar mas recompensa que la que resulta de reconocer que he hecho el esfuerzo, aunque falte tiempo para ver el resultado.


La situación así esbozada resulta inaceptable para mis aspiraciones sociales y patrióticas, y ese punto de vista, sugiere en algunos, que limita su “derecho de expresarse”, y no es así; en mi particular concepción, no creo que en nuestro medio exista una limitación generada por la brutal fuerza del Estado ni de ninguno de sus organismos, lo que ha exigido parte de la sociedad, es su derecho a estar informada en todo el sentido de la palabra. Si existe alguna autocensura o un atentado a la libre expresión, es subliminal y los comunicadores de una u otra manera se convierten en cómplices perversos de dicho atentado.  En algunos casos los sectores de poder estatal o descentralizados y uno que otros grupos de activistas, simplemente compran a los reporteros, comunicadores  o a los periódicos, para así manipular y distorsionar las realidades de su entorno con pretensión de engañar a las masas, de ahí que me atreva a afirmar que esta es la mas perversa de las limitaciones a la libertad de expresión, ello así porque atenta contra un derecho mayor, que es el derecho de la ciudadanía a estar informada de manera correcta, veraz y objetiva; y esta si es una limitación subliminal a la libertad de expresión. 


Lo cierto es que existen comunicadores que dicen “representar a la sociedad” y no son más que mercenarios, personas que cobran por esbozar una parte de la realidad, por decir medias verdades, por callar verdades, por exigir el aumento hasta la irracionalidad grosera e intolerable de la violencia social y esa es una violación a la libertad de prensa auto impuesta.


No obstante,  para poder juzgar él término Libertad de Prensa hay que también tomar en consideración que los medios de comunicación, que incluyen a la prensa escrita, han abusado de su poder manipulando las noticias y en muchos casos se las inventan.  Se ha abusado tanto del derecho a la libertad de prensa que mas que informar, reportar o comentar noticias y hechos, se dan el lujo de manipular los acontecimientos según les parezca conveniente al informador o a los intereses de quien le paga, cuando sus opiniones debieran estar solo al servicio de la verdad, o cuando menos de la veracidad o de la objetividad. 


Y es ahí donde avizoro el problema, pues considero que se ha generado  una profanación de los privilegios y responsabilidades por parte de los medios y sus comunicadores, que trae por consecuencia confusiones, malas interpretaciones y unos daños a la sociedad en general que en ocasiones suelen ser irreparables. Entonces la urgencia consiste en que se reconozca de una vez por todas, que la "Libertad de Prensa" como todas las libertades públicas, trae consigo una serie de responsabilidades y compromisos y estos deben ser cumplidos para que el poderoso y peligroso mecanismo de los medios de comunicación mantenga la integridad e imparcialidad, cuanto menos responsabilidades de tipo deontológico, moral y científico.


Es por ello que urge la necesidad de regulaciones menos ambiguas y cuestionadas que tiendan a garantizar y proteger a la Libertad de Prensa y a los periodistas en el desempeño de su labor, mismas que deberán contener regulaciones estrictas que definan los parámetros entre Libertad de Prensa y el abuso de la misma, para que cese el arbitrariedad de los medios de comunicación y las distorsiones y manipulaciones que tan bien saben utilizar, y que perjudican en muchas ocasiones la intimidad, el honor, el  buen nombre y las costumbres de las personas.

 

Por el momento, y esperando la recomposición social y legal a la que aspiramos, el deber me impone que os recuerde a mis conciudadanos de buena voluntad, que nunca se puede desvirtuar el pensamiento de un pueblo, no importa que ideología política se tenga, pues todos coincidimos o coincidiremos en lo mismo: QUEREMOS UN MEJOR PAIS 

 

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